Hay algo que todos los escritores tienen en común, desde el autor que acaba de terminar su primera página hasta el novelista que acumula varias obras publicadas: todos hemos cometido errores. Muchos errores. Algunos pequeños. Otros tan espectaculares que, cuando volvemos a leer aquellos primeros textos años después, solo podemos preguntarnos: "¿En qué estaba pensando?"
La buena noticia es que equivocarse forma parte del aprendizaje. La mala es que algunos errores son tan frecuentes que miles de escritores siguen cayendo en ellos una y otra vez.
Si estás comenzando tu aventura literaria, o llevas tiempo intentando terminar una novela sin éxito, quizá te resulte útil conocer cuáles son los obstáculos más habituales. No para evitarlos por completo, porque eso sería imposible, sino para reconocerlos cuando aparezcan.
Y créeme, aparecerán.
1. Empezar a escribir sin saber adónde va la historia
Existe una imagen romántica del escritor que se sienta frente al teclado y deja que la inspiración lo guíe.
En las películas funciona muy bien.
En la vida real, no siempre.
Muchos autores noveles arrancan con una escena espectacular, un personaje atractivo o una idea brillante, pero no tienen ni la menor idea de cómo continuará la historia.
Las primeras páginas suelen fluir con facilidad porque todo es nuevo y emocionante.
El problema llega treinta capítulos después, cuando descubren que los personajes vagan sin rumbo y la trama parece un coche perdido en una rotonda interminable.
No hace falta planificar cada detalle. Algunos escritores trabajan con esquemas muy precisos y otros prefieren improvisar gran parte del recorrido.
Pero incluso quienes escriben de forma más intuitiva suelen necesitar una idea general de hacia dónde se dirigen.
Porque es difícil llegar a un destino cuando ni siquiera sabes cuál es.
Ejemplo práctico
Juan decide escribir una novela histórica. La primera escena es magnífica: un arqueólogo encuentra una llave de oro oculta en una tumba romana.
Escribe tres capítulos a gran velocidad.
Entonces surge un problema.
¿Qué abre esa llave?
¿Quién la busca?
¿Por qué es importante?
Como no conoce las respuestas, la novela empieza a dar vueltas sobre sí misma hasta quedar abandonada en una carpeta del ordenador.
Cómo solucionarlo
Antes de empezar, intenta responder al menos estas tres preguntas:
- ¿Cuál es el conflicto principal?
- ¿Qué quiere conseguir el protagonista?
- ¿Cómo termina la historia?
No hace falta conocer cada detalle, pero sí tener una brújula.
2. Enamorarse demasiado de la idea original
Puede sonar extraño, pero una de las mayores amenazas para una novela es que su autor se obsesione con proteger la idea inicial.
Las historias evolucionan.
Los personajes crecen.
Aparecen nuevas posibilidades.
Algunas escenas que parecían imprescindibles dejan de tener sentido.
Sin embargo, muchos escritores principiantes se aferran a ciertos elementos porque fueron los primeros que imaginaron.
Y eso limita la obra.
Una novela no es una reliquia que deba conservarse intacta.
Es un organismo vivo.
Cuanto antes aceptes que ciertas partes tendrán que cambiar, más fácil resultará mejorar el conjunto.
Ejemplo práctico
María imagina que el villano es el director del museo.
Sin embargo, al avanzar la novela descubre que uno de los personajes secundarios resulta mucho más interesante como antagonista.
Aun así, mantiene al director como villano porque era la idea original.
El resultado es un desenlace previsible y poco convincente.
Cómo solucionarlo
Pregúntate siempre:
"¿Esto está aquí porque mejora la historia o porque me gusta personalmente?"
La respuesta suele ser reveladora.
3. Querer escribir una obra maestra en el primer borrador
Este error ha destruido más manuscritos que cualquier bloqueo creativo.
El escritor novel suele imaginar que los grandes autores redactan páginas perfectas desde el primer intento.
La realidad es mucho menos elegante.
La mayoría de las novelas pasan por numerosas revisiones antes de llegar a las librerías.
Muchísimas.
Intentar que cada frase sea impecable mientras escribes el primer borrador es como intentar pulir el mármol antes de haber esculpido la estatua.
Simplemente no funciona.
El primer borrador tiene una misión muy sencilla:
Existir.
Nada más.
Ya habrá tiempo para convertirlo en algo mejor.
Ejemplo práctico
Pedro tarda seis meses en redactar el primer capítulo porque revisa cada frase veinte veces.
Durante ese tiempo no avanza la historia.
Al final abandona el proyecto.
Mientras tanto, otro escritor termina una novela completa aunque su primer borrador sea imperfecto.
¿Quién tendrá algo que corregir?
Exacto.
Cómo solucionarlo
Escribe primero.
Corrige después.
Parece un consejo simple, pero salva más novelas de las que imaginas.
4. Explicar demasiado
Este es probablemente uno de los errores más comunes.
Cuando comenzamos a escribir sentimos la necesidad de explicar todo.
Absolutamente todo.
Cómo piensa el personaje.
Por qué actúa de cierta manera.
Qué ocurrió hace diez años.
Qué desayunó antes de salir de casa.
Qué pensaría su vecino si lo viera.
El resultado suele ser una narración pesada y lenta.
Los lectores disfrutan descubriendo cosas por sí mismos.
Participar activamente en la historia forma parte del placer de leer.
A menudo una mirada, un gesto o una conversación sugieren mucho más que tres páginas de explicaciones.
Confía en la inteligencia de tu lector.
Normalmente es más listo de lo que creemos.
Ejemplo incorrecto
Laura estaba nerviosa. Sentía ansiedad. Tenía miedo porque la situación la preocupaba mucho. Estaba inquieta.
Ejemplo mejorado
Laura intentó introducir la llave tres veces antes de acertar con la cerradura. Tenía las manos empapadas de sudor.
El lector entiende perfectamente que está nerviosa.
No necesitas explicárselo.
5. Describir hasta el último tornillo de la habitación
Todos hemos pasado por ahí.
Especialmente después de leer a algún gran autor y pensar que la clave está en describirlo todo con un nivel casi microscópico.
Entonces aparecen párrafos enteros dedicados a una silla.
Una lámpara.
Una cortina.
Un florero.
La textura de la pared.
La sombra proyectada por la esquina de una estantería.
Y mientras tanto, la historia sigue esperando.
La descripción es importante.
La sobrecarga descriptiva no.
El lector necesita imaginar el escenario, no recibir los planos de construcción del edificio.
Ejemplo incorrecto
El despacho tenía una mesa de roble de dos metros y quince centímetros de largo por noventa centímetros de ancho, acompañada por una silla tapizada en cuero marrón que...
Tres párrafos después todavía seguimos observando el despacho.
Ejemplo mejorado
El despacho parecía más una fortaleza que una oficina. Oscuro, silencioso y dominado por una enorme mesa de madera.
Con pocas palabras la imagen funciona.
Y la historia continúa avanzando.
6. Crear personajes perfectos
Los personajes perfectos resultan aburridos.
Siempre.
Si un protagonista lo hace todo bien, nunca se equivoca, cae bien a todo el mundo y encuentra soluciones para cualquier problema, desaparece el conflicto.
Y cuando desaparece el conflicto, desaparece el interés.
Los personajes memorables tienen defectos.
Cometen errores.
Toman malas decisiones.
Se contradicen.
Son vulnerables.
En otras palabras: se parecen bastante a los seres humanos reales.
Y eso es precisamente lo que los hace creíbles.
Ejemplo práctico
Alejandro es arqueólogo.
Habla siete idiomas.
Corre maratones.
Es experto en combate.
Tiene memoria fotográfica.
Todo el mundo lo admira.
Nunca se equivoca.
¿El resultado?
Un personaje aburrido.
Mejor alternativa
Alejandro posee grandes conocimientos históricos, pero es impulsivo y tiene dificultades para confiar en los demás.
Ahora existe conflicto.
Y el conflicto genera interés.
7. No generar suficiente conflicto
Muchos manuscritos fracasan por una razón sencilla.
No pasa nada.
Los personajes hablan.
Reflexionan.
Caminan.
Recuerdan cosas.
Charlan un poco más.
Y siguen caminando.
Mientras tanto, la trama permanece inmóvil.
Toda novela necesita tensión.
No necesariamente explosiones, persecuciones o conspiraciones internacionales.
El conflicto puede ser emocional, psicológico, familiar o moral.
Lo importante es que exista algo que impida al protagonista obtener lo que quiere.
Porque si todo resulta fácil, nadie siente la necesidad de pasar a la siguiente página.
Ejemplo práctico
Capítulo 1: El protagonista encuentra una pista.
Capítulo 2: Analiza la pista.
Capítulo 3: Comenta la pista.
Capítulo 4: Piensa sobre la pista.
Capítulo 5: Sigue pensando sobre la pista.
El lector ya está mirando el número de páginas que faltan.
Solución
Añade obstáculos.
¿Qué ocurre si alguien intenta robar la pista?
¿Qué pasa si es falsa?
¿Qué sucede si descubrir la verdad pone una vida en peligro?
8. Compararse constantemente con escritores consagrados
Este error suele aparecer muy pronto.
El escritor novel lee a Ken Follett, Arturo Pérez-Reverte, Matilde Asensi, Isabel Allende o cualquier autor al que admire y piensa: "Nunca escribiré así."
Probablemente tenga razón, porque tampoco ellos escribían así cuando empezaron.
Cuando comparas tu primer borrador con una novela publicada después de años de experiencia profesional, la comparación siempre resulta injusta.
Es como apuntarte a una carrera popular y enfadarte porque no corres tan rápido como un atleta olímpico.
Todos comenzaron siendo principiantes. Sin excepción.
Ejemplo práctico
Un escritor termina su primer capítulo.
Después relee Los pilares de la Tierra.
Automáticamente decide que jamás será escritor.
Lo que olvida es que está comparando unas pocas páginas de práctica con décadas de experiencia profesional.
Cómo solucionarlo
Compárate únicamente con una persona:
El escritor que eras hace un año.
Esa es la comparación que realmente importa.
9. Abandonar demasiado pronto
La mayoría de las novelas nunca se terminan.
No porque la idea sea mala.
No porque el autor carezca de talento.
Sino porque aparece una nueva idea que parece más emocionante.
Y luego otra.
Y después otra más.
Las ideas nuevas siempre resultan atractivas porque todavía no han mostrado sus problemas.
Las novelas terminadas sí.
Por eso muchos escritores acumulan comienzos brillantes y finales inexistentes.
Aprender a terminar proyectos suele ser una habilidad tan importante como aprender a escribir.
Ejemplo práctico
Un escritor comienza una novela de misterio.
A los dos meses tiene una idea para una novela de fantasía.
La abandona.
Tres meses después se le ocurre un thriller.
Abandona la fantasía.
Un año más tarde tiene diez comienzos y ningún final.
Solución
Las novelas terminadas se publican.
Las empezadas no.
Termina primero.
Ya mejorarás la siguiente.
10. Esperar a sentirse inspirado
Este es probablemente el error más peligroso de todos.
La inspiración existe.
Por supuesto que existe.
Pero es tremendamente caprichosa.
Algunos días aparece cuando te sientas a trabajar.
Otros decide tomarse vacaciones sin previo aviso.
Si dependes exclusivamente de ella, escribirás muy poco.
Los autores que completan novelas no suelen hacerlo porque estén inspirados todos los días.
Lo consiguen porque escriben incluso cuando no lo están.
La inspiración es una invitada excelente.
La disciplina es quien paga las facturas.
Ejemplo práctico
Carlos escribe únicamente cuando tiene ganas.
Al final del año ha producido 12.000 palabras.
Ana escribe 500 palabras diarias aunque algunos días esté cansada.
Ha terminado una novela completa.
Lección
La inspiración te ayudará a empezar una sesión.
La disciplina te ayudará a terminar un libro.
El error que nadie menciona
Existe además un error silencioso que apenas se comenta.
Pensar que cometer errores es una señal de fracaso. No lo es.
De hecho, suele ser justo lo contrario. Cada capítulo malo te enseña algo. Cada personaje fallido te ayuda a crear uno mejor. Cada novela inacabada te acerca a la siguiente.
Los escritores mejoran escribiendo, no esperando, ni leyendo consejos sobre escritura durante años, ni viendo vídeos sobre cómo construir personajes.
Escribiendo, aunque al principio salga mal, especialmente cuando sale mal.
Porque así es exactamente como se aprende.
Un ejemplo real de cómo varios errores pueden destruir una novela
Imagina este caso:
Un escritor tiene una idea fantástica sobre un manuscrito perdido de Leonardo da Vinci.
Empieza a escribir sin planificar (error nº1).
Quiere que cada frase sea perfecta (error nº3).
Su protagonista es un genio sin defectos (error nº6).
Dedica diez páginas a describir una biblioteca (error nº5).
Llega al capítulo veinte, se bloquea y abandona la novela para empezar otra sobre los templarios (error nº9).
Meses después concluye que no tiene talento.
Pero el problema nunca fue el talento.
Fueron los errores de proceso.
Y esa es una gran noticia, porque el talento es difícil de controlar. El proceso, en cambio, puede aprenderse y mejorarse.
Conclusión
Si observas esta lista, descubrirás algo curioso: ninguno de estos errores es realmente grave.
Todos tienen solución. Todos forman parte del proceso.
Y todos han sido cometidos por escritores que más tarde lograron publicar grandes novelas.
La diferencia no está en evitar todos los errores.
La diferencia está en seguir avanzando a pesar de ellos.
Así que, si alguna vez relees algo que escribiste hace años y te da un poco de vergüenza, no te preocupes.
Es una magnífica señal.
Significa que has mejorado.
Y si además la vergüenza es considerable, enhorabuena.
Probablemente hayas mejorado mucho. De hecho, cuando un escritor revisa sus primeros textos y siente la necesidad de esconderlos bajo siete llaves para que nadie los encuentre jamás, suele ser una prueba bastante fiable de que está recorriendo el camino correcto.
Consejo final para escritores noveles
Si tuviera que resumir todo este artículo en una sola frase sería esta:
No intentes escribir una novela perfecta. Intenta terminar una novela imperfecta.
Porque una novela imperfecta puede corregirse, reescribirse y publicarse.
Una novela que nunca se termina seguirá siendo, para siempre, una gran idea atrapada en un cajón.